Nuestras nuevas instalaciones explicadas por Juan Bautista Sáenz Parte I —“Queríamos crear una calle dentro del Barrio de La Estación”—

Juan Baustista Sáenz, director técnico de Gómez Cruzado nos explica el sentido de las nuevas instalaciones. Comenzamos una serie de tres artículos con el aspecto estético de una ampliación que quería preservar el estilo del Barrio de La Estación y quiere mostrar al visitante la bodega tal como es.

28 de mayo de 2026. Una fecha que forma ya parte de la historia de Gómez Cruzado. Aquel día, coincidiendo con nuestro 140 aniversario, inauguramos la ampliación de nuestra casa en el Barrio de la Estación. Dos nuevas naves concebidas para afinar nuestra elaboración, alcanzar una mayor precisión y ganar “espacio y tiempo”, como bien resumió nuestro gerente, Alberto Játiva, durante la inauguración.

Ha pasado un tiempo desde entonces y llega el momento de recorrer las nuevas instalaciones junto a Juan Bautista Sáenz, director técnico de Gómez Cruzado y estrecho colaborador en el desarrollo del proyecto. “Cuando llegué el proyecto estaba avanzado, pero vimos que podíamos darle algún pequeño giro. Las bodegas, como las viñas, también tienen que tener alma.”

La ampliación de Gómez Cruzado podía resolverse de muchas maneras. La más sencilla habría sido levantar un edificio funcional, pensado únicamente para trabajar mejor. “Pero desde el principio tuvimos claro que eso no era suficiente. El nuevo espacio debía responder a las necesidades de la bodega y, al mismo tiempo, mantener una continuidad con los edificios que forman parte de Gómez Cruzado y del Barrio de la Estación desde hace décadas. La idea era que, al entrar, todo siguiera teniendo sentido.”

Por eso, nuestro primer paso fue mirar alrededor. Antes de tomar muchas decisiones, recorrimos el Barrio de la Estación para entender qué hace reconocible este lugar. “Hemos querido recrear una calle dentro del Barrio de la Estación. Para eso eran fundamentales dos cosas: preservar el espíritu original de la bodega e integrarla en un contexto como el del Barrio de la Estación.”

Nos fijamos especialmente en Bilbaínas, la primera bodega que se instaló junto a la estación. La continuidad no tenía que ver únicamente con los materiales o con la arquitectura. También consistía en conservar el carácter de una bodega centenaria y trasladarlo a un edificio completamente nuevo. Nuestros dos edificios históricos marcaron igualmente el punto de partida. Queríamos que la ampliación conviviera con ellos sin parecer una construcción ajena a la historia de la casa. Por eso mantuvimos materiales, proporciones y acabados reconocibles: la sillería, la mampostería, el diseño de las puertas, los tejados y la forma de resolver cada encuentro entre los distintos espacios. No se trataba de copiar lo antiguo de manera literal. El objetivo era entender su lógica y darle continuidad.

“Todas las naves tienen un poco ese sello de identidad, esa impronta. Está todo muy medido y todo tiene su elemento enfrente. Siempre buscamos el equilibrio. Un ejemplo bien sencillo son las cerchas de las nuevas naves, que mantienen por completo el estilo de la nave original de 1886 hasta el punto de que hemos replicado el contraste entre el tono oscuro de las cerchas y el coló más claro de la cubierta.”

Espacio y tiempo

Juan Bautista regresa al momento de la inauguración en la que Alberto Játiva introdujo los conceptos de espacio y tiempo para describir el sentido de la ampliación. “Hemos ganado más espacio para trabajar, pero también más tiempo para hacerlo con calma, respetando el ritmo que necesita cada vino y pudiendo explicar mejor cómo entendemos nuestro oficio.”

Una idea que enlaza directamente con la segunda gran aspiración de las nuevas instalaciones: abrir la bodega a la gente desde la realidad de una bodega. “Queríamos construir un espacio que pudiera visitarse de verdad. No una instalación preparada para enseñar mientras el trabajo sucede en otro lugar, sino una bodega viva, donde cualquiera pudiera comprender cómo se elabora el vino mientras la elaboración continúa. Hoy el interés por visitar bodegas no deja de crecer y queríamos responder a esa realidad sin perder autenticidad. Hemos hecho una bodega transitable y enseñable. Queremos que, incluso en vendimia, se puedan visitar todos los procesos desde un espacio que no tenga peligro”.

Por eso las nueva naves no separan una zona pensada para las visitas y otra reservada para la elaboración. Ambas conviven en el mismo espacio porque, al fin y al cabo, esa siempre ha sido nuestra forma de entender Gómez Cruzado. “Nuestra seña de identidad es que lo que enseñamos es donde trabajamos. No tenemos un sitio para enseñar y otro para trabajar”.

Antes de finalizar el recorrido, Juan Bautista regresa mentalmente una vez más a la nave original de 1886. Cuenta que muchas tardes, cuando la bodega se queda en silencio, se sienta sobre una barrica con el portátil (otra herramienta más) y piensa en todas las personas que han trabajado entre esos muros durante más de un siglo. “Este lugar tiene alma y ahora tenemos que trasladar ese mismo alma a las nuevas instalaciones para que dentro de unos años sean las generaciones que vendrán las que noten nuestra presencia.”

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